lunes, 22 de noviembre de 2010

Recordando el 85

Fue hace 25 años cuando un terremoto de 8.1 grados en la escala de Richter cambió la vida de miles de mexicanos. Un desastre natural que según las maquilladas fuentes gubernamentales dejó entre 6,000 y 7,000 víctimas, despertando sus dudas entre los ciudadanos tras el pésimo papel desenvuelto por el entonces presidente de la república Miguel de la Madrid, además del bloqueo de datos y  ayuda humanitaria que hubo por parte de órdenes del mismo. Aquel terremoto con el que hasta obras de ingeniería  se nombraron  y pasaron a la historia como el hospital Juárez que se colapsó dejando a miles de heridos y fallecidos incluyendo bebés y niños, la torre latinoamericana que en cambio no sufrió ni un rasguño, mientras que el Estado de Béisbol del Seguro Social se usaba para reconocer e identificar cadáveres[1] . Un terremoto con el que hasta se pudo escuchar a un Jacobo Zabludovsky con voz cortada al borde del llanto mientras narraba los hechos y hacía llegar la información al resto del país que pegaba la oreja a la radio y televisión, aquella única y ahora insuficiente y casi obsoleta forma de comunicación[2]. La gente pedía informarse, la gente pedía acción, y al no verla la solidaridad los unió y como dirían antiguos textos respecto a la Revolución Francesa “y el pueblo se unió, e hizo de sí lo que le correspondía”. El terremoto del 85 pues, dejó una cicatriz en los mexicanos que lo vivieron, no sólo por la tragedia que llego  a ser sino por el despertar que causó. Digno de conmemorarse, por su magnitud, por su impacto, pero sobre todo por la intervención de una ciudadanía que reaccionó como tal ante las censuras impuestas por Miguel de la Madrid.  Aquella que sí podemos nombrar Sociedad Civil Participativa es ahora narrada en crónicas que cuentan de que hubo 4,000 rescatados de los escombros gracias a la gente que se hizo de artefactos caseros y se unió a los cuerpos de ayuda social que a pesar de la vigilancia de los militares, acudieron a la ayuda.

25 años después nos preguntamos ¿En dónde quedó la sociedad civil que se pudo percibir en aquel entonces? Ni 25 ni 50 años son suficientes para justificar la apatía social que rápidamente se contagia ahora, que es comparable con un la reproducción de un virus y a la que nos orillamos a caer debido a la situación del país cuando deberíamos de optar por la opción contraria, una menos apática. No es necesario enlistar los muchos ejemplos en los que la Sociedad se ha visto ya ni siquiera desinteresada sino hasta desinformada. La gente, a pesar del bombardeo de medios de comunicación con los que ya se cuenta, no muestra un interés por ver más allá de un núcleo familiar, mucho es si actúan dentro de su “red social”.  En pasados días, el país enfrentó otra catástrofe natural cuando la costa del golfo se vio azotada por huracanes con las que principalmente Veracruz hacía un llamado a la nación solicitando ayuda humanitaria. Aproximadamente 40, 000 personas fueron trasladadas a refugios y decenas de otros tantos desaparecieron, el informe de medios independientes informó que fueron alrededor de 1 millón las personas afectadas que necesitaban de víveres para poder estar en condiciones al menos humanas. Las colectas nacionales fueron un fracaso, la cruz roja, ONG’s, empresas privadas de comunicaciones y hasta colegios organizaron colectas para mandar ayuda humanitaria pero lamentablemente fue de dar pena la participación del país[3]. Muchas de esas campañas cerraron, muchas otras demostraron no tener un verdadero interés y se descuidaron, mientras que las pocas que sobrevivieron, situación casi comparable a las teorías darwinistas, pudieron darse cuenta del poco interés social y mandaron reducidos montos de ayuda. Nadie se interesó. Apenas y se sabía el nombre de tal huracán.

Mucho se dice en México que  la decadencia de Sociedad Civil viene del mundo globalizado y frío, ¿porqué entonces en países enteros se levantan en protesta cuando tratan de rechazar reformas que NO les parecen? ¿Porque en los hermanos países de Latinoamérica se hacen cambios tan pacíficos de poder entre diferentes partidos? ¿Por qué el índice de calidad de vida aumenta en el resto de América Latina cuando el de México desciende? Es un hecho, la crisis más que ser económica, es social.  
En México la ciudadanía es algo ya del pasado en estos tiempos de guerra, y “que  arroje la primera piedra” quien se atreva a decir que lo que se vive no es definido como tal, como una guerra. Los más de 28,000 caídos según bases oficiales (sin contar aquellos que “cifran” los medios independientes) desde el inicio del conflicto contra el narcotráfico dejan más que en claro que se necesita de otra estrategia para combatir los males que sufre el país, se necesita de urgente participación ciudadana, de un renacer de la sociedad civil.

En Textos de Adela Cortina se hace referencia a la ciudadanía como a la “levadura” de la sociedad, ya a que es el individuo el que cuenta con la capacidad de trasformar su entorno realizando acciones y difundiéndolas, no sólo un líder es quien logra que esto ocurra, pues eso vendría siendo un jefe de Estado o gobernante, pero hasta un mandatario social necesita de una estructura que se mantenga en acción y depende de esta el progreso o el desarrollo de su conformación, esa estructura social[4]. Pues para transformar el mundo ya no es necesario involucrarse en la política, como también cita Adela Cortina, es necesario llevar a cabo una ética social pensada en los efectos que la acción de un individuo puede tener en el sistema en el que uno se encuentra. Por eso mucho se insiste en que hoy en día no debe dejarse todo en manos de políticos, y menos en manos de nuestros políticos. Es cuando se empieza pensar en un Estado en decadencia, cuando se mira alrededor y se ven el sinfín de problemas que hay que solucionar, reparar, limpiar, o como quiera llamársele pero que necesitan dar un enorme paso al cambio y la población se ve inmóvil. Las riendas ahora más que nunca deben ser manejadas también por esa ciudadanía que más que pensar de manera obsoleta sin ver más allá de sí, debe pensar en la propuesta de una “ética de mínimos”, esa ética de la ciudadanía que se forma de mínimos de justicia, de libertad, de igualdad y de solidaridad. Lo que comúnmente y como en primaria nos enseñan: una ética cívica, con la que todos podamos emprender nuestros caminos de felicidad y pueda haber un equilibrio para que todos puedan realizarlo. Suena utópico, es difícil aplicarlo, pero al menos podemos hacer de esta sociedad un poco más justa si todos pensáramos de forma en la que todos desean un mínimo de los valores mencionados.  
La propuesta suena fácil, llega a caer en la ingenuidad, pero debe también evaluarse el contexto que se vive en el país y ver de qué forma sí puede llegar a ser una propuesta  de promoción de “ética de mínimos” aplicable. La cuestión es que es esa la crisis, el hecho de que México se encuentra sumergido en un ciclo de problemas del que necesita salir, un ciclo en el que cada individuo piensa muy egoísta e individualmente, pero es de entenderse que la gente no se ve ni siquiera motivada por llevar a cabo su participación como ciudadano, pues se dice que si en esta país quieres hacer algo te ves detenido por tres cuestiones: por los procesos burocráticos, por la apatía de la sociedad o por la misma ceguera de tal sociedad.
Es muy cierto, la escritora que ya se había mencionado, Adela Cortina comenta que quien gestiona los bienes privados no sólo se encarga de estos, ni viceversa. Pero es muy cierto también que esa participación privada ya esta cansada de verse entorpecida por los malos movimientos del gobierno. Segundo punto, es cierto también que esa misma intervención ciudadana se ve limitada por la apatía a la participación, y tercero, es difícil  movilizar a tu pueblo si el mismo se está muriendo de hambre, de necesidad de salud, de educación. Ya ni siquiera los medios de comunicación favorecen. El duopolio televisivo establecido en México maneja la información tal y como se dice se manejó en el 85, tratando de no nombrar los peores datos, o simplemente manipulando y estableciendo cánones sociales de inmovilidad y de postración a la sociedad como tal o hasta a la historia como con los nuevos “movimientos” del bicentenario.

El país no necesita de masas, hasta el mismísimo Weber les temía, pues no piensan. El país necesita de una sociedad civil, misma que define el filósofo Habermas, como un grupo de personas que más allá de tener una visión egoísta e individualista, surgen con ideas universales y trabajan por ellos[5]. La visión individualista es algo que jamás se ha aprobado para el bienestar del contexto social, el hombre es un ser social por naturaleza, el mismo Aristóteles proponía que aquel que vive fuera de una comunidad política es: “o más que un hombre o menos que un hombre”. Aquí, en el mundo terrenal hasta dónde sé o al menos hasta donde se ha comprobado empíricamente todos somos hombres, todos requerimos de vivir en conjunto, y recordando nuevamente a otro filósofo más moderno, uno de nosotros, un solo individuo puede no ser responsable del funcionamiento del mundo, pero sí es co-responsable, lo que nos forma en sociedades, en grupos y comunidades con cierta participación para hacer de nuestro entorno uno con un buen manejo de la ética de mínimos, en donde el mundo tenga un progreso, sea mejor, se vea una acción y una buena consecuencia nazca de ella, recordemos entonces el 85.

Tenemos que hacernos la idea del poder que como sociedad civil gozamos, tenemos que llenarnos la mente del ideario de que como componentes de la estructura tenemos que ser espectadores del cambio social. Somos nosotros quienes pertenecemos y formamos las escuelas, empresas, organizaciones, asociaciones, iglesias, transnacionales, supranacionales y hasta la misma política. Somos nosotros entonces quienes ejercemos el papel de ciudadanos y quienes podemos ser en palabras de Cortina “la levadura de la transformación social, esa verdadera idea revolucionaria”. Cambiémoslo entonces, recordemos una vez más el 85.

                                                                                                                 Beatriz A. Puga
                                                                                          


[1] Mendez Ortiz, Alfredo. (2005). Los topos, rescatistas nacidos en la tragedia, hoy ciudadanos del mundo. La Jornada , Retrieved from http://www.jornada.unam.mx/2005/09/19/terremoto.php

[2] El terremoto cambió mi vida profundamente, Entrevista a Jacobo Zabludovsky en La Jornada, 2005

[3] BBC Mundo, . (jueves, 16 de septiembre de 2010). Tormenta tropical karl cobra fuerza y se convierte en huracán. BBC
[4] , Cortina , Adela. (2008). Ciudadanía: verdadera levadura de transformación social . Sociedad, desarrollo y ciudadanía de México
[5] Cortina , Adela. (2008). Ciudadanía: verdadera levadura de transformación social . Sociedad, desarrollo y ciudadanía de México

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